Las medidas “de
lucha” de las diferentes organizaciones sociales, deben ser diferentes, acorde
con su carácter; la lucha siempre obedece a una situación injusta donde se
siente que se recibe menos de lo que se da, y adicionalmente se requiere romper
con determinados paradigmas y generar formas acordes con el carácter
institucional.
Las
medidas de lucha
En las
organizaciones productivas industriales, los obreros realizan paros, huelgas,
por que eso causa pérdidas a los propietarios, existe un “enemigo” claro y se
sabe cuál es su lado flaco, pues si no hay producción no hay ventas y en
consecuencia ganancias, además de las pérdidas que se producen en los
inventarios de materias primas y productos en proceso, maquinaria paralizada,
etc. Adicionalmente los obreros saben que solos pueden ser abatidos y buscan
aliados en otras organizaciones a fin de que “su lucha” tenga éxito.
Ahora, las
diferentes organizaciones sociales cuando pensamos en medidas de lucha, nuestro
cerebro está programado para responder: Paro, huelga. Pero, ¿Estas medidas son
aplicables a todas las organizaciones?.
Veamos:
Los agricultores de
Lambayeque, por ejemplo, y en general de la costa, cuando programan paros o
huelgas, si lo hacen cada uno en sus respectivas chacras o fundos, los únicos
perjudicados son ellos, porque si no trabajan no comen y las plantas no esperan
el control de malezas, agua, abonamiento. Entonces optan por la toma de
carreteras que sí afecta a la economía y es la manera en que el Estado puede
reaccionar. Pero por ejemplo, si eso se aplica en los agricultores de la serranía
de Cajamarca, no tiene sentido, por que dejan de trabajar para ellos y si toman
sus propias carreteras, los únicos perjudicados son ellos, por que viven de la
venta de sus productos y la carga de los transportistas son sus mismos
productos.
Ahora pasando al
caso universitario, preguntamos ¿Quién es “el enemigo” y quienes los “aliados”
más cercanos?. Pues en teoría se debe golpear al enemigo y no perjudicar a los
aliados. Resulta que en los paros y huelgas universitarias, de alguna forma se
favorece al enemigo (que es el Estado) y se perjudica a los mejores aliados de
los profesores, que son los alumnos. Al dejar de funcionar la Universidad, el
Estado gasta menos, y los alumnos se van a sus casas a hacer nada, por que no
pueden planificar sus actividades con un tiempo tan incierto, en tanto no se
sabe cuanto durará una huelga, y es natural en consecuencia que los padres de
familia se coloquen en la vereda contraria a los profesores solicitando clases
para sus hijos. Así se empuja al aliado a convertirse en enemigo. Los paros y
las huelgas no son medidas de lucha para los profesores universitarios, y por
extensión tampoco de los profesores de colegios.
Lo que se
pide y lo que se da
La reivindicación
de mejoras en retribución a los profesores universitarios es justa y legal.
Pero eso es lo que se pide, pero la otra cara de la moneda es que se da. Y es
que en un proceso de negociación eso es lo que siempre se hace en nuestra vida
cotidiana y lo que debe hacerse en todos los casos. La política de pedir debe
ser parte de la historia de nuestro accionar, lo que tenemos que hacer es
decir, “ofrecemos esto, pedimos esto, y se puede obtener los recursos de este
lado o esta forma”. El ofrecimiento de la Universidad debe ir por la razón de
ser de la misma, en sus aspectos básicos, la formación, la investigación y la
proyección, pero de manera específica, orientándola a la calidad y excelencia
académica de a verdad, con metas específicas.
De otro lado no
basta con pedir el cumplimiento de la norma respecto a la mejora de los
sueldos, sino de alternativas, como en la redistribución del presupuesto
general del Perú, en la flexibilidad para el manejo de los recursos generados
por la propia Universidad, de tal manera que se atienda las necesidades
empresariales de la Universidad con la eficiencia de las empresas privadas y
poder entrar a ese mundo competitivo.
Rompamos paradigmas
Entonces se
requieren nuevas formas de hacer sentir el reclamo, mucho más ingeniosas y que
no se caiga en la protesta “clásica” como la quema de llantas, entre otras. Por
el carácter universitario, sus formas también deben de serlo. En principio,
cuidemos a los mejores aliados, y la política debe ser no a la pérdida de
clases. Se debe protestar, reclamar educando, haciendo docencia, por ejemplo,
salir con los alumnos a las calles, a los parques, en un determinado día, todas
las universidades del país donde se desarrollen clases o conferencias específicas
sobre los problemas locales, regionales, temas de interés del público, donde
ellos participen, y se dedique unos cuantos minutos a explicar el por que de la
protesta. Tomemos las calles con docencia.
[1] Opinión del profesor JOSE H. BECERRA SANTA CRUZ. Estoy conciente que
muchos profesores no estarán de acuerdo con lo planteado, pero lo hago pensando
en positivo. Lambayeque, 08 de junio del 2007.