lunes, 8 de octubre de 2012

¿LUCHA CONTRA LA POBREZA Y LA CORRUPCIÓN O …?*


En diferentes instancias y planes del gobierno peruano se traza como objetivo “la lucha contra la pobreza[1]”, “lucha contra la corrupción”,etc. Luchas que son probablemente correctas, pero que nos lleva a pensamientos y acciones por decir lo menos, no adecuados.

En la forma que enfocamos la realidad, tratamos de resolverla. Si el objetivo es la lucha contra la pobreza, nos enfocamos en ella, con acciones y programas para reducirla, paliarla. Así el Estado crea organismos como el vaso de leche, comedores populares y, muchas ONGs y hasta Universidades, orientan sus pasos en ese mismo sentido, enseñando a estirar la mano, a pedir y denigrar la dignidad de los que dicen favorecer.

Es más o menos como entrar a una guerra o un partido de fútbol y el general o entrenador arenga: “vamos a luchar contra la derrota”, los soldados y jugadores pensaran en perder por lo menos con menos bajas o goles. Si vamos a luchar contra la pobreza, es por lo menos para comer, o como la “lucha contra la corrupción” es por ser menos corruptos y damos por sentado que así somos y lo justificamos: “Es que así somos”, “somos pobres”, “roba, pero algo a hecho”.

Pero la pobreza es un lado del palo, es la antípoda del desarrollo. Por un momento cambiemos la perspectiva: En vez de “luchar contra la pobreza” pensemos en “luchar por el desarrollo” y, en vez de “luchar contra la corrupción”  “luchemos por el asentamiento de valores”. La nación se centrará en buscar vías para lograr ganar esa lucha.

Socialmente, hemos generado una cultura organizacional de lo malo, lo disfuncional, y el Estado y muchos organismos se encargan de reforzarlo, regenerando una actitud nacional de derrotados.

En suma, la realidad la podemos observar, como un vaso medio lleno o medio vacío. Ambas respuestas son válidas, el problema es que cada una nos conduce a pensamientos y acciones diferentes.



* Redactado el 11 de febrero del 2008.
[1] La pobreza es entedida como “Un problema ético, pues al impedir a las personas desarrollar sus capacidades básicas, constituye una restricción fundamental a la libertad. Esta restricción se manifiesta en la perpetuación de relaciones económicas, sociales, culturales y políticas injustas” (FUTURO SIN POBREZA. Balance de la lucha contra la pobreza y propuestas. Primera edición, febrero de 2007).


DESENCUENTROS ENTRE LA SOCIEDAD Y LA FAMILIA


Hace no más de 30 años la sociedad iba en la misma dirección que la formación de las familias, poco a poco estas acciones paralelas se fueron distanciando hasta casi ir en direcciones diferentes, ahora –se puede decir- la sociedad va en una dirección que no está acorde con lo que los padres de familia queremos.

Los hijos son formados por los padres de familia, quienes no son los únicos formadores, también interviene fuertemente la sociedad a través de sus instituciones, empresas, personas, medios de comunicación, etc, cuyos patrones de conducta han cambiado, por ejemplo en cuanto al respeto, el pudor, la amistad, la palabra empeñada, entre otros. Para nuestra generación[1], el saludo, el ceder el asiento a los mayores y mujeres era normal; la intimidad y la sexualidad no eran expuestas públicamente, ni por las personas ni por los medios de comunicación (TV, periódicos); los vecinos, sí que eran vecinos que se conocían y confiaban entre sí; el trato a través de la palabra era “ley”. Así, la formación en casa iba en la misma dirección de lo que había y se vivía en la calle. La tarea era relativamente fácil para nuestros padres, pues perseguían los mismos patrones de conducta que la sociedad. Para los padres de ahora, educar y formar se ha hecho más complicado, es ir en dirección contraria de lo que la sociedad hace, es “ir contra la corriente”.

Un ejemplo simple pero importante de ello son las horas de comida. Antes éstas eran “sagradas”, la familia entera debía estar presente y eran momentos de conversación, por que no habían distractores como  la TV, y es que hasta los centros educativos contribuían a ello con el horario partido, haciendo que todos coincidamos en el desayuno, almuerzo y cena. No pretendemos que éstos retornen al doble turno, por que generaría costos adicionales a los padres de familia, y alteraciones en los profesores y centros, pero tampoco podemos quedarnos impávidos frente a este panorama, más bien alentamos a la reflexión y acción sobre este asunto.

Entonces ¿que hacer si “no podemos ya depender de la sociedad ni de sus instituciones”[2]?. Lo que es cierto es que no podemos romper la página actual de la vida y retroceder a “nuestros tiempos”. Tenemos que actuar, y para esto tenemos dos frentes: El primer frente en nuestra estructura familiar y el otro en nuestro entorno.

En nuestro seno familiar vivir, transmitir  y hacer que se cumplan los principios y valores en lo que creemos, aún cuando inicialmente puedan no ser aceptados por nuestros hijos,  y en nuestro entorno tener reglas de convivencia con nuestros amigos, compañeros de trabajo, los amigos de nuestros hijos, nuestros vecinos, trabajadores, haciendo que nuestro círculo de influencia crezca
jhbsc


* Profesor de las universidades Pedro Ruiz Gallo de Lambayeque y, Católica Santo Toribio de Mogrovejo de Chiclayo. Perú. 13 de septiembre de 2007.
[1] Los que pasamos los 40 años.
[2] COVEY. “7 hábitos de las familias altamente efectivas”.