Hace no más de 30 años la sociedad iba en la misma dirección que la
formación de las familias, poco a poco estas acciones paralelas se fueron
distanciando hasta casi ir en direcciones diferentes, ahora –se puede decir- la
sociedad va en una dirección que no está acorde con lo que los padres de
familia queremos.
Los hijos son formados por los padres de familia, quienes no son los
únicos formadores, también interviene fuertemente la sociedad a través de sus
instituciones, empresas, personas, medios de comunicación, etc, cuyos patrones
de conducta han cambiado, por ejemplo en cuanto al respeto, el pudor, la
amistad, la palabra empeñada, entre otros. Para nuestra generación[1], el
saludo, el ceder el asiento a los mayores y mujeres era normal; la intimidad y
la sexualidad no eran expuestas públicamente, ni por las personas ni por los
medios de comunicación (TV, periódicos); los vecinos, sí que eran vecinos que
se conocían y confiaban entre sí; el trato a través de la palabra era “ley”.
Así, la formación en casa iba en la misma dirección de lo que había y se vivía
en la calle. La tarea era relativamente fácil para nuestros padres, pues
perseguían los mismos patrones de conducta que la sociedad. Para los padres de
ahora, educar y formar se ha hecho más complicado, es ir en dirección contraria
de lo que la sociedad hace, es “ir contra la corriente”.
Un ejemplo simple pero importante de ello son las horas de comida. Antes
éstas eran “sagradas”, la familia entera debía estar presente y eran momentos
de conversación, por que no habían distractores como la
TV , y es que hasta los centros educativos contribuían a ello
con el horario partido, haciendo que todos coincidamos en el desayuno, almuerzo
y cena. No pretendemos que éstos retornen al doble turno, por que generaría costos
adicionales a los padres de familia, y alteraciones en los profesores y
centros, pero tampoco podemos quedarnos impávidos frente a este panorama, más
bien alentamos a la reflexión y acción sobre este asunto.
Entonces ¿que hacer si “no podemos ya depender de la sociedad ni de sus
instituciones”[2]?. Lo que es cierto es que
no podemos romper la página actual de la vida y retroceder a “nuestros
tiempos”. Tenemos que actuar, y para esto tenemos dos frentes: El primer frente
en nuestra estructura familiar y el otro en nuestro entorno.
En nuestro seno familiar vivir, transmitir y hacer que se cumplan los principios y
valores en lo que creemos, aún cuando inicialmente puedan no ser aceptados por
nuestros hijos, y en nuestro entorno
tener reglas de convivencia con nuestros amigos, compañeros de trabajo, los
amigos de nuestros hijos, nuestros vecinos, trabajadores, haciendo que nuestro
círculo de influencia crezca
jhbsc
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